Cómo detectar si alguien ha puesto una droga en tu trago.

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En EEUU y otros países, se ha vuelto un terrible problema de salud pública, el abuso sexual de jóvenes por medio de las llamadas «drogas de la violación». Ahora científicos de varios países, desarrollan métodos para detectar si un trago contiene alguna de estas drogas.

En varias de las ciudades más grandes del mundo, las chicas universitarias tienen algo muy claro a la hora de ir por la noche a un bar a echarse unas copas o de acudir a cita: “Nunca debes dejar tu trago solo”. Ya es una precaución corriente, normalizada, tanto que incluso hay varios científicos desarrollando métodos para poder determinar rápidamente si alguien le ha echado alguna droga a tu bebida.

En Estados Unidos, se estima que una de cada cinco mujeres se ha enfrentado alguna vez a una situación de abuso sexual. De acuerdo con información del Instituto Nacional de Justicia, entre el 85% y el 90% de las violaciones a jóvenes universitarias son perpetradas por gente que conocen, y la mitad de estas ocurren durante una cita. Esto es ya una epidemia, un problema que tiene sus raíces y se alimenta del caldo de cultivo de la descomposición social. Cortar el problema de raíz es tán complicado que en el corto plazo se requieren acciones inmediatas.

En 2011, un grupo de investigadores de Israel desarrolló pruebas en forma de popotes capaces de detectar dos de las drogas de violación más comunes. El año pasado un producto similar llamado Drink Savvy salió al mercado y, este año, investigadores de la Universidad Nacional de Singapur desarrollaron un sensor que se vuelve azul en presencia de ácido gamma-hidroxibutírico o GHB. A diferencia del papel cromatográfico estándar, que tarda varios minutos en detectar la presencia de GHB, el test desarrollado en Singapur hace el trabajo en tan sólo 10 segundos. El sensor sólo requiere una gota del trago sospechoso y si esta se vuelve naranja quiere decir que contiene GHB y, si lo tomas, pronto estarás durmiendo.

Fuera de toda discusión sobre si es mejor intentar otros métodos de prevención, o sí es más importante atacar el problema en sus profundos orígenes sociales, lo cierto es que todo problema de salud pública genera productos que buscan alimentarse de él. Es delgada la línea que divide la genuina intención de atacar un problema de la intención de lucrar con él, pero quizá estas pruebas puedan dar a estas terribles historias de abuso un giro inesperado en favor de sus víctimas.

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